Start Up, PYME e internacionalización

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Ante la situación actual de crisis del mercado nacional se hace imprescindible de nuevo la alternativa de internacionalización de las PYMEs, como uno de los instrumentos fundamentales para el sostenimiento de nuestro sistema productivo, para generar PIB, evitar la destrucción de más empleo y, si las PYMEs tienen éxito en este empeño, volver a la senda del crecimiento, creación de empleo y reconstrucción del estado social, tan maltrecho por este ya largo período de escasez.

Lo peor de todo es que si nos creemos las manifestaciones de algunos expertos e incluso de la propia señora Merkel, a esta situación le quedan aún 5 años más. Difícil evaluar dónde podemos llegar a caer si no hacemos nada al respecto.

Es por ello por lo que la salida de nuestras PYMEs a los mercados exteriores es más que necesaria, y lo es, porque parece evidente que, tengan o no razón los más pesimistas, el mercado nacional no es en este momento capaz de absorber las necesidades de consumo que nuestras empresas necesitan, por lo que se hace imprescindible ampliar esos horizontes y salir a los mercados de todo el mundo.

Esta tarea de apertura de las fronteras económicas no nos es ajena en absoluto. España ya tuvo necesidad de internacionalizarse y salir a los mercados exteriores en diferentes etapas de su historia moderna y, si atendemos a la situación alcanzada hasta momentos antes de esta crisis, lo cierto es que esas aperturas nos han sido razonablemente exitosas. Sin ánimo de ser exhaustivo, la primera apertura que se produce bajo los auspicios del Ministro Fuentes Quintana, a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, permitió que nuestro tejido productivo saliera de su letargo ocasionado por años de autarquía y se tecnificara para comenzar a ponerse a la altura de sus competidores europeos. Pocos años después tras la crisis de la energía y materias primas de la década de los setenta, conocida como “crisis del petróleo”, también vender productos españoles en el exterior nos permitió pagar la necesaria factura energética, imprescindible para nuestro desarrollo. Tras la incorporación de España en el año 1986 a las Comunidades Europeas y la posterior creación del Mercado Único Europeo, fue cuando la economía española realmente conquistó los mercados exteriores lo que nos permitió aproximar nuestro nivel de renta a la media europea y alcanzar un desarrollo hasta entonces nunca conocido del estado de bienestar.

Pues bien, después de la debacle de nuestra economía ocasionado por el fracaso de nuestro sistema financiero y el consiguiente incremento del diferencial que nos vuelve a separar de los países de nuestro entorno europeo, necesitamos de nuevo ponernos a trabajar en la captación de riqueza y en la generación de recursos que permitan a este país salir de nuevo del furgón de cola. Y es este objetivo el que, junto a otras iniciativas como la generación de nuevo tejido productivo basado en la innovación de la mano de nuevos emprendedores, o la reactivación del turismo, nos va a permitir salir del pozo.

Y si se me permite, siendo muy importantes las dos alternativas anteriores – innovación y turismo -, ambas tienen inconvenientes. De un lado la reconversión de nuestro tejido empresarial en un tejido más innovador, que es posiblemente la apuesta más importante de cara al futuro de este país, no se hace de la noche a la mañana y las iniciativas tardan su tiempo en ser capaces de generar empleo y riqueza. Por otro lado, el fortalecimiento del turismo que es de desarrollo mucho más ágil tiene, en mi opinión, el peligro a largo plazo de que los países de nuestro entorno, con una potencial oferta similar, se desarrollen y nos resten cuota de mercado.

Esto nos devuelve al punto de partida, la internacionalización de nuestras PYMEs, de nuestro tejido productivo actual es imprescindible. Es necesario salir fuera cuanto antes para conseguir recursos que nos permitan recuperar la senda del crecimiento, generar empleo y aportar riqueza a nuestra maltrecha economía.

Estas razones desde el punto de vista macroeconómico no parece que tengan discusión, de hecho todos somos conscientes de la deriva de los discursos y del refuerzo de los mensajes desde la administración apoyando el “hay que salir a exportar”. Lamentablemente en este país sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena y apoyamos o no la necesidad de la internacionalización o de la innovación cuando no tenemos más remedio. Qué diferente sería la historia si los recursos invertidos por las PYMEs en los presuntos “chollos” del sector del ladrillo se hubiera invertido en potenciar las redes comerciales y conquistar los mercados exteriores, o en innovación; o qué hubiese ocurrido si el ahorro de las familias, los bancos lo hubieran prestado para reforzar la expansión de las empresas en vez de para financiar negocios inmobiliarios. En fin, historia-ficción que ya no tiene remedio.

Lo importante es hacer ver a las PYMEs los beneficios de la internacionalización. Todos podemos observar cómo la mayoría de las empresas que están sobrellevando mejor estos tiempos de crisis tienen una parte de su cartera de clientes en otros países.

Internacionalizarse aporta importantes beneficios para la empresa, además de la evidente compensación de la crisis del mercado interno, entre ellos:

Diversifica los riesgos de actuar en un solo mercado.
Permite seguir creciendo a la empresa internacionalizada más allá de la dimensión de su mercado nacional.
Permite aprovechar la capacidad productiva y reducir su ociosidad.
Da la posibilidad de generar buena imagen y mejorar el prestigio de la empresa.
Se accede a un mercado de mayor volumen lo que permite economías de escala a nivel mundial que pueden mejorar la competitividad con empresas rivales, incluso del propio mercado nacional.
Permite ganar capacidad competitiva al encontrarse con los rivales más fuertes y eficientes.
Posibilita el acceso a otros mercados donde nuestro producto no es conocido o es escaso.
Permite reforzar la posición interna, en el mercado nacional, ya que se conoce antes al competidor extranjero que pretende conquistarlo y atacar la cuota en el propio mercado nacional.
Ayuda a reaccionar antes ante la competencia ya que se conocen con más tiempo las maniobras y tendencias de los mercados.
Facilita el acceso a mercados de aprovisionamiento más competitivos.
Permite el acceso a fuentes de financiación internacional.
Todo ello, invita a que las PYMEs consideren la internacionalización como una vía para salvar los efectos de la crisis y aprovechen las numerosas oportunidades que se han abierto en los últimos años y que, quizás por falta de necesidad, hasta ahora no se han utilizado lo suficiente.

Una de ellas, por ejemplo, es la posibilidad que ofrece Internet para facilitar el acceso a los mercados exteriores, tanto a la hora de conocerlos y obtener información sobre sus características y condiciones, como también a la hora de vender directamente a través de la Red. O, por ejemplo, con la aparición de nuevas figuras aduanero-fiscales fruto de la vocación de nuestra administración de apoyo a la PYMEs en su salida al exterior.

Que nadie se lleve una idea equivocada de esta reflexión, el proceso de internacionalización ni es fácil ni está abierto a todas las PYMEs, pero eso no quita que sea imprescindible para la supervivencia de determinadas empresas. Las dificultades, que serán tratadas en próximos artículos, se vencen con conocimiento, asesoramiento y con la propia práctica, como todo quehacer en cualquier empresa. Nada es fácil en la lucha en los mercados y en el exterior menos, pero si otros son capaces de hacerlo debería preguntarse, ¿por qué no su empresa?

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